Austria

Cosi fan tutte según Kosky

Juan Carlos Tellechea
miércoles, 10 de julio de 2024
Cosi fan tutte, régie de Barrie Kosky  © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn Cosi fan tutte, régie de Barrie Kosky © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn
Viena, miércoles, 26 de junio de 2024. Gran sala de la Ópera Estatal de Viena. Wiener Staatsoper. Così fan tutte. ossia La scuola degli amanti (Así hacen todas o La escuela de los amantes), drama jocoso en dos actos con música de Wolfgang Amadé Mozart y libreto en italiano de Lorenzo da Ponte (KV 588), representada por primera vez en el antiguo Burgtheater de Viena, el 26 de enero de 1790. Régie Barrie Kosky. Escenografía y vestuario Gianluca Falaschi. Iluminación Franck Evin. Asistencia de vestuario y escenografía Giuditta Verderio. Dramaturgia Nikolaus Stenitzer. Reparto: Fiordiligi (Federica Lombardi), Dorabella (Emily D'Angelo), Guglielmo (Peter Kellner), Ferrando (Filipe Manu), Despina (Kate Lindsey), Don Alfonso (Christopher Maltman). Coro de la Wiener Staatsoper, preparado por Martin Schebesta. Extras de la Wiener Staatsoper. Orquesta de escena de la Wiener Staatsoper. Orquesta de la Wiener Staatsoper. Director (y clave) Philippe Jordan. 100% del aforo.
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Barrie Kosky fue ovacionado en la Ópera de Viena por su peculiar producción de Così fan tutte de Wolfgang Amadé Mozart, con libreto de Lorenzo da Ponte, al poner fin a su trilogía sobre este célebre dúo, que ha enriquecido el universo del arte lírico con Las bodas de Fígaro y Don Giovanni, en la clausura de la presente temporada (2023/2024).

La orquesta de la Wiener Staatsoper, bajo la égida de Philippe Jordan (también clave), no lo tuvo fácil con esta puesta que exige una muy precisa coordinación con el escenario. Pero la respiración conjunta funcionó con creces; hubo un fluir natural, una espontaneidad interpretativa que sobrellevó muy bien la velada.

Más de lo deseado

Cuando se abre el telón y aparece la monumental (y ruinosa) escenografía montada sobre una plataforma giratoria (Gianluca Falaschi) de un viejo teatro, viene de inmediato a la mente del espectador la señorial imagen de un grabado de 1790 que muestra al antiguo Burgtheater (Teatro de la corte, hoy desaparecido, junto al palacio imperial de Viena, donde se representó por primera vez este drama jocoso en aquel mismo año.

Para el final de su ciclo de tres grandes óperas de Mozart/da Ponte en la Ópera Estatal de Viena, Kosky utiliza un doble truco: el más llano es el del "teatro en el teatro"; el más artero es el de que todos saben, pero solo interpretan personajes que no saben nada. Así se adentran en un experimento amoroso que al principio es solo escenificado, pero que después se torna mucho más real de lo deseado.

Fantasma

«Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.«Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.

El planteamiento de Kosky sirve precisamente de base a esta escenografía. Para el primer acto Falaschi elige la antesala de un escenario, donde el director (y filósofo) Don Alfonso (Christopher Maltman) tiene su escritorio, situado a la derecha, desde donde dirige el ensayo y también pone en marcha su experimento en materia de relaciones humanas. Aquí vive él, casi como un fantasma de la ópera, por decirlo de algún modo.

Così fan tutte es un enorme reto para todo director escénico. Incluso después de su estreno en 1790, el dramma giocoso de Mozart cayó en descrédito por razones morales y solo se representó, si acaso, con un texto revisado o con un texto completamente nuevo. Hubo que esperar hasta el siglo XX para que se recuperara esta obra maestra de refinada composición.

La trama contiene incoherencias lógicas y el texto no siempre es tan ingenioso como cabría esperar de da Ponte. Sobre todo, la acusación de misoginia se aplica de lleno a Don Alfonso, el cerebro de la trama, lo que obviamente es un problema en el mundo actual, ya que quiere demostrar en su experimento, realizado como una apuesta con dos jóvenes enamorados, que las mujeres (y solo ellas), expuestas a la tentación erótica, no pueden resistirla a largo plazo y se vuelven infieles.

Ilegítimos

Christopher Maltman y Emily D'Angelo en «Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.Christopher Maltman y Emily D'Angelo en «Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.

Don Alfonso consigue demostrarlo, aunque no escatima medios ilegítimos: chantaje, coacción y demás ardides. El resultado de su cínico experimento lo generaliza a todas las mujeres, lo que se expresa en el título de la ópera cuando se hace la audaz afirmación de que todas son así: tutte, el plural femenino en italiano (y no Così fan tutti, todos, el plural masculino y universalizador).

Vetustez

«Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.«Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.

El segundo acto transcurre entre bastidores, donde una escalera de incendios asegura que haya mucho subibaja e ir y venir (hasta el agotamiento de los solistas) por sus peldaños. El mundo escénico también es gris y destartalado, por lo que coincide con el siniestro escenario de Don Giovanni y el lúgubre y vetusto palacio del conde Almaviva de Las bodas de Fígaro. Si bien Kosky alude que nada conecta a las tres óperas de Mozart/da Ponte, aquí la sorprendente escenografía parece impregnada en tal sentido. Buenos y frescos aires soplan desde hace algún tiempo en la capital austríaca; los decorados prohibitivamente bellos son cosas del pasado.

Atuendos

Federica Lombardi, Filipe Manu, Emily D'Angelo y Peter Kellner en «Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.Federica Lombardi, Filipe Manu, Emily D'Angelo y Peter Kellner en «Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.

Como vestuarista, Falaschi ha diseñado elaborados atuendos del siglo XVIII, para el mundo del teatro, y ropa poco espectacular, para la vida real y cotidiana. Cuando Guglielmo (Peter Kellner, con laringitis; un experimentado y veterano cantante suplantó su voz) y Ferrando (Filipe Manu) van a la guerra, llevan trajes de camuflaje.

No está claro por qué Dorabella (Emily D'Angelo) tiene que ponerse también uno de estos uniformes en un momento dado ni por qué los dos jóvenes se visten de mujer, con ropas parecidas a las de sus damiselas. Cuando vuelven a quitarselas, deambulan un rato con corpiños ceñidos y largos pantalones blancos. A ojos vistas, para Kosky, las escenificaciones para ser actuales requieren de una ruptura de las identidades de género... ¿qui lo sa?

Ronqueras

La laringitis campea fuertemente aquí en el mundillo de los vocalistas en estos momentos, debido a las bruscas alteraciones de la temperatura ambiente por el cambio climático. Un día hace un calorazo de 36 grados centígrados (se abusa del aire acondicionado) y al día siguiente baja violentamente la columna mercurial a 23 o 24 grados. Es muy difícil salvarse de una ronquera.

También la figura protagonista de Flordiligi (Federica Lombardi) se vio afectada, pero pudo salir bastante bien del apuro por sus propios medios. Lombardi cantó bien su papel, sin ser sobresaliente. En su primera aria, luchó con las desafiantes notas graves. Probablemente mejorará en las siguientes representaciones, cuando se reponga.

Perfección

Mas, en resumen, estamos ante una Cosi fan tutte, la última ópera que escribió Mozart con libreto de da Ponte, que roza la perfección tanto vocal como orquestalmente y que se une a la larga lista de versiones imprescindibles de un pasado no muy lejano. La música, interpretada por la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena, dirigida por Philippe Jordan, es muy seductora; quizá la partitura sea un poco demasiado larga hacia el final, aunque quién atinaría a cortar y dónde.

Qué es lo que se enseña exactamente aquí, en La scuola degli amanti del subtítulo, que en realidad fue pensado como título principal por Lorenzo da Ponte. El objetivo educativo del anciano filósofo Don Alfonso es el de perder todas las ilusiones sobre el amor y la lealtad. En el camino hacia esa meta, a los amantes se les prepara en todas las materias principales y menores de una vida amorosa complicada: confianza, seducción, engaño, devoción. En definitiva Così fan tutte (Así lo hacen todas) no tiene que verse como el final de la capacitación. La implementación de estos supuestos conocimientos es más bien una cuestión que alcanza a todos los involucrados.

Amantes

Federica Lombardi, Kate Lindsey y Emily D'Angelo  en «Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.Federica Lombardi, Kate Lindsey y Emily D'Angelo en «Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.

La trama es divertida y emocionante, pero un poco agresiva desde un comienzo. ¿Qué clase de persona es el que quiere demostrar a dos jóvenes amantes que sus esposas les serían infieles al día siguiente de ser seducidas por un tercero? ¿Qué clase de jóvenes amantes son los que no solo se implican, sino que llegan hasta el final? ¿Y qué clase de precondiciones tienen que cumplir?

Últimamente, los directores intentan desesperadamente encontrar soluciones para categorizar de algún modo esta actitud misógina o someterla a un tratamiento especial. Hasta ahora, nadie lo ha conseguido. Barry Kosky recurre al modelo del teatro dentro del teatro: Don Alfonso, que probablemente ha tenido malas experiencias con las mujeres (o viceversa), es un director mezquino y obstinado que abusa de sus dos parejas de actores, Fiordeligi/Guglielmo y Dorabella/Ferrando, como conejillos de Indias para confirmar sus tesis.

Esto provoca una alternancia constante y difícil de comprender entre el mundo del teatro y la realidad, exagerando así la estructura camerística de la obra. El objetivo de hacer más soportables o verosímiles las tramas, a veces absurdas y políticamente incorrectas, no se consigue. Solo el final es convincente, cuando las cuatro víctimas del complot, así como Despina, la ayudante del director, revelan que Don Alfonso es el iniciador de una trampa deliberadamente tendida que les toma a todos por sorpresa y les deja enfadados y decepcionados. Sin embargo, todo se alarga hasta que esto ocurre.

Tímida risa

Peter Kellner, Kate Lindsey y Filipe Manu en «Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.Peter Kellner, Kate Lindsey y Filipe Manu en «Cosi fan tutte», régie de Barrie Kosky. © 2024 by Wiener Staatsoper / Michael Pöhn.

Las situaciones cómicas son escasas, aunque hay muchas oportunidades para ello en las numerosas escenas de disfraces y en las fingidas declaraciones de amor e incesantes juramentos de lealtad. El extenso jugueteo cuando Guglielmo y Ferrando son devueltos a la vida, tras su supuesto suicidio, y la escena en la que Despina se agarra la entrepierna al estilo de Michael Jackson y finge rasguear una guitarra, no pueden superar esa carencia. Hicieron falta 45 minutos para que por primera vez se oyera una tímida risa en la sala. Después solo brotaron sonrisas en la platea.

Música

Bajo la batuta de Philippe Jordan, todo suena demasiado sereno en un comienzo, tanto la Orquesta de la Ópera de Viena desde el foso como los solistas sobre el escenario. Algo más adelante los sonidos adquieren más color y tonos más fuertes, pero el ambiente camerístico se mantiene en todo momento. Quizá un poco más de dinamismo y volumen sonoro no habrían estado de más. El coro de la Ópera de Viena, solo audible fuera del escenario, tuvo una muy buena actuación y fue merecidamente aplaudido al final.

Solistas

Filipe Manu, una voz relativamente nueva y que debuta en Viena, se destacó con su registro de tenor. Le falta quizá soltarse un poco más todavía. Mas tiene el timbre adecuado para estar a la altura de los cantantes mozartianos. Seguramente mejorará en las próximas actuaciones.

Para Peter Kellner el papel de Guglielmo representaba todo un reto vocal que no podía aceptar sin ayuda (los registros más altos son muchos en esta ópera y hay que darlos con sustancia y potencialidad de matices); histriónicamente fue un integrante fiable y respetable del reparto.

La mezzosoprano Emily D'Angelo, al igual que Filipe Manu en su debut en la casa, refresca al público con su voz clara y su aspecto juvenil en traje pantalón como la Dorabella natural, sin complicaciones y auténtica. Tiene mucho futuro por delante.

Delicias

Kate Lindsey, quien ha demostrado a menudo su versatilidad vocal y dramática, agradó sobremanera con una exquisita y cómica interpretación del papel de Despina. Es una delicia la forma en que muestra sus dotes cómicas como la grotesca socorrista/paramédica de urgencias y, sobre todo, como la notaria, además de los elementos paródicos de su voz.

La actuación y la interpretación vocal más destacada de esta velada fue la de Christopher Maltman como Don Alfonso, que actúa, intriga y brilla de forma inquebrantable y autocrática. Su actuación se caracteriza por su gran experiencia y habilidad. Es justo que su misógino acabe siendo el culpable de todas las confusiones y malentendidos. Pero Don Alonso dejará esto atrás fácilmente y seguirá defendiendo su opinión sin fisuras.

No escapa a la realidad que hasta hoy, en pleno siglo XXI, hay hombres cínicos, machistas y misóginos. Pero el mundo y el universo siguen su curso y óperas como ésta muestran sin grandes esfuerzos que estas y otras perversiones discriminatorias son reprobables. 

Pretender una comparación de esta versión de Barrie Kosky con alguna otra del pasado es harto odiosa e inútil. Las ovaciones (y algún que otro abucheo que quedó muy apagado en la multitud) confirmaron otra vez el gran acierto de este director en su singular puesta en escena.

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