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'Madama Butterfly', al desnudo, en el Teatro Real de Madrid

Redacción
viernes, 14 de junio de 2024
Escena de 'Madama Butterfly' del Teatro Regio de Torino © Ramella & Glannese | Teatro Regio de Torino Escena de 'Madama Butterfly' del Teatro Regio de Torino © Ramella & Glannese | Teatro Regio de Torino
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Entre los días 30 de junio y 22 de julio, el Teatro Real de Madrid ofrece 19 funciones de Madama Butterfly, de Giacomo Puccini, con puesta en escena de Damiano Michieletto y dirección musical de Nicola Luisotti, que estará al frente de cuatro repartos y del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.

El exotismo inspirador de los países lejanos, tan en boga en el arte y la literatura europeas del final del siglo XIX, dio a la ópera algunos antecedentes directos de Madama Butterfly: mujeres fascinadas con el hombre occidental, seductor y poderoso, que traicionan, por amor, los dogmas sagrados de su tradición y de su cultura, pagando con su vida esa transgresión, como sucede con las protagonistas de La africana (1865) de Giacomo Meyerbeer, o Lakmé (1883) de Léo Delibes.

Madama Butterfly es la sexta de las diez grandes óperas de Giacomo Puccini (1858-1924) y su tercera colaboración con los libretistas Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, con los que ya había trabajado en La bohème y Tosca, siempre con gran tensión, disputas y desavenencias provocadas por el carácter difícil, obsesivo y perfeccionista de Puccini.

Las fuentes literarias de la ópera están fuertemente ancladas a una inquietante realidad: la impunidad con la que los hombres occidentales utilizaban sexualmente a las mujeres asiáticas, fascinados por su erotismo, misterio, delicadeza y servidumbre. Ese es el tema de la novela Madame Chrysanthème (1887), en la que el marino francés Pierre Loti describe como la ley japonesa permitía a los oficiales de las armadas realizar matrimonios temporales con geishas, generalmente a través de una transición económica, que quedarían disueltos tras un mes de abandono por cualquiera de las partes.

Pocos años después, al otro lado del Atlántico, John Luther Long publica Madame Butterfly (1898), basado supuestamente en un caso real que conoció su hermana durante una estancia en Nagasaki. Este breve relato fue transformado en pieza teatral, con gran éxito, por el dramaturgo y productor David Belasco -que volvería a colaborar con Puccini en La fanciulla del West- que la presentó en Estados Unidos y en Londres. Fue ahí que Puccini vio la obra, con tal conmoción que al final de la misma propuso directamente a su autor la compra de los derechos para la creación de su ópera homónima.

El libreto, estructurado por Luigi Illica y versificado el poeta Giuseppe Giacosa, tiene una dureza inaudita, contraponiendo la naturalidad con la que se negocia la compra y venta de una joven pobre e inocente para complacer los deseos sexuales de un marino foráneo, con la tragedia que vive la protagonista, enamorada de su seductor “marido” extranjero que la va a liberar de la miseria en la que vive.

Para conceder a la partitura la atmósfera oriental Puccini estudió el folclore japonés, los timbres de sus instrumentos, la sonoridad de las voces, los temas, ritmos y escalas más utilizados, articulando todas estas influencias con la música europea, en una relación finísima y sutil con la dramaturgia del libreto y la caracterización de los personajes.

Este “exotismo” musical potencia la riqueza tímbrica y armónica de su escritura orquestal, siempre refinada, fluida y epigramática, con hallazgos expresivos únicos, de grandísima belleza y plasticidad.

Para el director de escena Damiano Michieletto este mundo sonoro orientalizante que atraviesa toda la obra no necesita de ser reforzado con kimonos, biombos y abanicos japoneses que alejan, enmascaran y embellecen el terrible sufrimiento de la inocente Cio-Cio-San en su abnegado camino hacía madurez y el consciente suicidio.

En la producción concebida para el Teatro Regio de Torino, Michieletto despoja la ópera del esteticismo orientalista y sitúa la trama en la actualidad, en los suburbios de una bulliciosa ciudad asiática con carteles publicitarios y letreros de neón concebida por el escenógrafo Paolo Fantin, donde habita Cio-Cio-San, refugiada con sus sueños juveniles en una habitación de plexiglás.

Cuatro cantantes encarnan a esta joven enamorada, que se hace mujer a lo largo de la ópera: Saioa Hernández, Ailyn Pérez, Lianna Haroutounian y Aleksandra Kurzak. El ingrato papel de Pinkerton será asumido por los tenores Matthew Polenzani, Charles Castronovo, Michael Fabiano y Leonardo Capalbo. Completan el cuarteto protagonista las mezzosopranos Silvia Beltrami, Nino Surguladze y Gemma Coma-Alabert, como Suzuki, y Lucas Meachem, Gerardo Bullón y Luis Cansino, como Sharpless.

Madama Butterfly volverá al Real después de las 42 funciones con puesta en escena de Mario Gas, en la producción con más reposiciones desde la reinauguración del Teatro. La ópera llega ahora con el enfoque diferente y complementario de Damiano Michieletto, que nos interroga sobre la crueldad, el dolor, la humillación y el desengaño que viven las víctimas del turismo sexual de antaño y de hoy, en Japón o en los rincones de nuestras ciudades.

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