España - Madrid

Lise Davidsen: cuestión de intensidad

Germán García Tomás
viernes, 14 de enero de 2022
Lise Davidsen y Leif Ove Andsnes © 2022 by Javier del Real Lise Davidsen y Leif Ove Andsnes © 2022 by Javier del Real
Madrid, sábado, 8 de enero de 2022. Teatro Real. Lise Davidsen (soprano), Leif Ove Andsnes (piano). Obras de Edvard Grieg, Richard Strauss y Richard Wagner. Ciclo Voces del Real. Ocupación: 80%.
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La vida musical madrileña ha comenzado el año con fuerza con la visita de la soprano noruega Lise Davidsen al Ciclo Voces del Real para cantar un delicioso ramillete de canciones de Edvard Grieg y de dos Richard: Wagner y Strauss. Davidsen (Stokke, 1987) venía acompañada del que ya se ha convertido a día de hoy en su principal colaborador y pianista de cabecera, su compatriota Leif Ove Andsnes, por otro lado excelente concertista. 

Dotada de una genuina sensibilidad musical así como de un extremado apasionamiento, la noruega está llamada a ser una de las nuevas glorias no solamente de su país natal, sino de toda Escandinavia, ya que la cantante triunfa incontestablemente en los teatros de todo el mundo en interpretaciones operísticas en mayor medida del repertorio alemán. El recuerdo imborrable de Kirsten Flagstad y Birgit Nilsson, especialmente esta última por las afinidades de color y la calidez del instrumento en sus múltiples matices y gradaciones, está más vivo que nunca. 

La plena madurez de la voz, voluminosa, de enorme proyección, dejó ya al espectador agarrado a la silla desde el minuto uno, cuando comenzó cantando las Seis canciones op 48 de Edvard Grieg escritas en idioma alemán. El caudal de sonido bien e inteligentemente administrado y la firme emisión asombran de entrada por su intensidad y por la impresión de estar ante una voz única en su especie, una soprano de acusados medios dramáticos -idónea para Wagner- cuyo registro medio y grave la acercan por momentos a la tesitura de contralto.

A través de una primera parte atravesada por el poder e influjo de la Naturaleza idílica como comentario o reflejo de lo que acontece al narrador/a de cada canción en materia de amor y desamor, asistimos a la belleza desnuda y agreste de un repertorio, el de las canciones de Grieg, de expresión sencilla y sincera de sentimientos, inmortalizado en su día por la Flagstad y que Davidsen sirvió con exquisitez en el fraseo, manejo de medias voces y gran introspección, un conocimiento de primera mano de unas melodías que ha trabajado en su reciente disco para Decca que acaba de salir al mercado. 

Ese mismo conocimiento quiso mostrarlo dirigiéndose jovialmente a los espectadores en inglés a la hora de explicar la temática de Haugtussa op. 67. La música nacional de Grieg se presenta como herencia y asimilación del Romanticismo alemán, desplegado en el fervoroso melodismo atravesado de ligero wagnerismo de sus seis canciones anteriores (innegable la deuda de la segunda, Dereinst Gedanke mein, con el acorde de Tristán), que se integra aún más en el imaginario decimonónico centroeuropeo en este nuevo ciclo que nos conduce hasta el arroyo, imaginario colectivo y testigo de la desesperación amorosa desde Franz Schubert y su Die schöne Müllerin, en la hermosa última canción con la que Grieg cierra una travesía campestre donde la seriedad se impone frente a pasajeros arrebatos danzarines, que Davidsen sabe dibujar con encantadora gracia a través de una no menos encomiable capacidad para frasear rápidamente. En todo ese universo se introduce la fantasía, la sutileza para la creación de ambientes y el colorido que sirve Leif Ove Andsnes desde el teclado.

La intensidad creciente en Lise Davidsen es la cualidad que más sobresale y abunda para conseguir subrayar el drama o la teatralidad de los lieder. Lo hizo con Grieg y lo siguió desarrollando en la segunda parte, enteramente germana, comenzando por una estremecedora canción Ruhe, meine Seele, regulando intensidades, o una ensoñadora Morgen de Richard Strauss, de tempo dilatadamente lento por el pianista en un bello canto ligado de la soprano, otro de los haberes de Davidsen. La poesía sonora de Strauss se complementó idealmente con sendas lecturas apasionadas de Cäcilie y Befreit

Coronó el recital la obra más esperada de toda la velada, la tragedia amorosa sublimada de los Wesendonck Lieder de Wagner, fusión de elementos naturales y sobrenaturales. En una realización musical de auténtico ensueño, hubo de todo lo que el texto muestra, desde el ángel inicial hasta el sueño postrero que lleva al silencio del sepulcro (Träume capaz de detener el tiempo) y que convierten a este ensayo dramático de Tristán e Isolda en un microcosmos expresivo cuya esencia vital traslucieron Davidsen y Andsnes, este último por otra parte un intérprete reservado cuya gran modestia cedía el absoluto protagonismo a la diva noruega a la hora de recibir el aplauso. 

El cálido reconocimiento al trabajo de ambos fue recompensado con sendos bises de Strauss y Grieg, de este último su más célebre melodía, Te quiero, cantada en su idioma original.

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