Una jirafa en Copenhague

Mapeo cerebral

Omar Jerez
miércoles, 24 de noviembre de 2021
Lady Cupidi © 2020 by Alejandro Bombín Lady Cupidi © 2020 by Alejandro Bombín
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Si coges un cubo de Rubik y le das la posibilidad a 100 personas para que lo hagan en un tiempo determinado, estoy seguro, que prácticamente esas 100 personas no lo harían en los tiempos marcados.

Unos optarían por mover el Rubik por inercia sin un rumbo predeterminado marcado por la desesperación. Otros intentarían buscar la lógica del cubo para así, llegar al objetivo.

Incluso los más avispados buscarían en el omnipotente google para lograr entender el mecanismo y de ese modo, acelerar el proceso.

Alejandro Bombín. © by Deniz Rules.Alejandro Bombín. © by Deniz Rules.

Alejandro Bombín es el Rubik que nunca terminaré por más insistencia que le ponga, un Rubik indescifrable a través de su escáner cerebral.

Cuando estoy con Alejandro Bombín me sumerjo en un estado tridimensional, las conversaciones son tridimensionales, sus trabajos son tridimensionales, es como estar en un juego de la Play Station 20 UNA Play Station del futuro inexistente en nuestra dimensión e inexistente para su venta en el mercado.

Soy consciente que a Alejandro Bombín lo tengo en el presente, pero también asumo que así será el prototipo de personas que habrá en el futuro; personas responsables con el ecosistema, personas que dejarán un mundo que apele al consumo responsable y, personas que apelen a sus actos como efectos colaterales donde el poder vivir, convivir y respetar sea un lema para las nuevas generaciones.

No sé si Elon Musk conoce a Alejandro Bombín, pero si sé que Elon Musk y Alejandro Bombín representan la supraconsciencia en la búsqueda incesante de nuevos campos para la mejora de nuestra especie.

Playa fiesta. © 2021 by Alejandro Bombín.Playa fiesta. © 2021 by Alejandro Bombín.

Alejandro Bombín te saca de una manera natural de Matrix, hace que tu cerebro triúnico trabaje en las funciones más primigenias, el ser y el estar, el no condicionamiento, el desaprender lo aprendido, el reconocimiento de lo que eres sin miedos ni apego, al fin y al cabo, lo que te dice que la ecuanimidad es el estado entre los estados para estar y permanecer.

La vida, el amor, el arte, la ciencia. Hay todavía mucho por lo que maravillarse.

Dios no existe. Pero la biodiversidad, la tierra y la naturaleza, me hacen pensar que de haberlo sería una madre. Sin embargo, para asociarse a la creación, el hombre crea a dios como padre. El origen de la vida no está ligado al ser humano. Dios es solo una proyección. Pero apoyándose en sobrenaturalidades, el hombre satisface su instinto de permanencia. Y se convence de que sus cualidades lo posicionan por encima de lo natural, autoproclamándose fin en sí mismo.

«Corveta», Esgrafiado, esmaltes y arcilla horneados a 1020 grados / 29 x 20 cm. © 2020 by Alejandro Bombín.«Corveta», Esgrafiado, esmaltes y arcilla horneados a 1020 grados / 29 x 20 cm. © 2020 by Alejandro Bombín.

Mientras tanto, un mirlo compone su canción de amor a partir de los sonidos que escucha, para cantarla durante el resto de su vida. O un pergolero, también con el fin de atraer a su amante, construye una torre alta, hecha de palos que se levantan sobre una alfombrilla de musgo muerto, adornadas con cáscaras de caracol, bellotas y piedras. Su arte, como el nuestro, no es innato sino referencial. El arte no es exclusivo del “Hombre Sabio”. Según los últimos datos, nuestro arte es el relevo del Neandertal. 

La ciencia permite este tipo de constataciones, que nos dan a entender la importancia y la singularidad de la existencia. Pero si desechamos la filosofía sustentada en el conocimiento científico, sólo nos queda la tecnología que este nos permite desarrollar. 

La mayor parte de lo que hacemos conlleva herramienta, por lo que somos cada vez más herramienta. La ventaja tecnológica es un arma poderosa, pero también es una forma de dependencia, una muleta o prótesis. Y la prótesis sugiere amputación. 

Y es que el progreso es previo al cuestionamiento y supone la aceptación de unos fines y consecuencias ignorados y eludidos. Por sus resultados vivimos en un parque temático hecho a nuestra imagen y semejanza. El paisaje está tecnificado, la realidad es una ficción autorreferencial. 

«Pachilo». Acrílico sobre tabla / 80 x 60 cm. © 2018 by Alejandro Bombín.«Pachilo». Acrílico sobre tabla / 80 x 60 cm. © 2018 by Alejandro Bombín.

Mi perspectiva me hace posthumanista, no fatalista. Creo que la aculturación positiva puede abrir fronteras de empatía, a través de un proceso de individuación que permita la consideración del otro. Incluso en pleno apocalipsis de las especies, estamos a tiempo de destapar la distorsión cognitiva y de corregir la inercia ideológica. Antes de destruir por completo el libro de la vida, sin ni siquiera haberlo leído primero.

Los nuevos medios pueden precisamente ayudarnos a alcanzar la liberación de nuestras cadenas estéticas y culturales, el altermodernismo. Debemos conectar el amor con la verdad y compartirlo. A fin de acabar con la esclavitud, dando paso a la simbiosis y al derecho existencial de toda unidad de vida. 

Los viejos medios, como la pintura, también pueden ser una puerta a este cambio de sensibilidad. Y es que los medios no se superan, Según Ricardo Gonzalez García, los medios son longitudes de onda que se amplifican mutuamente. Y la pintura es una pompa de jabón (cáustica e higiénica), que refleja la iconografía del pasado en su cara interna, mostrando a la vez la del futuro y presente en su cara exterior. 

«Ligre», Arcilla y esmaltes horneados a 1020 grados / 30 x 23 cm. © 2021 by Alejandro Bombín.«Ligre», Arcilla y esmaltes horneados a 1020 grados / 30 x 23 cm. © 2021 by Alejandro Bombín.

La pintura es, sin duda, un simulacro capaz de encarnar las implicaciones y la libertad de presentación que los nuevos medios nos ofrecen. Es imagen, pantalla y espejo. Para mí supone catarsis, respiro y alivio. Es la herramienta que me facilita recrearme en la interrupción de programación de la pantalla cultural. Parar el tiempo para observar la falla y su verdadero código interno. Elijo una y otra vez la pintura por su silencio polisémico, por su apertura afectiva y por su resistencia. Incluso reduciéndola a su mínima expresión, sus cualidades sanitarias y sanadoras siguen siendo conmovedoras. Me declaro adicto, altamente dependiente de ella. 

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